Dos décadas después, la minería del carbón ha disminuido su actividad según lo previsto. En 1997, el carbón empleaba a uno de cada cuatro trabajadores en las Cuencas. Hoy, tan solo al 5%. La actividad aún persiste, pero la mayoría de los mineros se ha prejubilado. También muchos jóvenes se han beneficiado de las becas de estudios. Las principales infraestructuras están terminadas. Centenares de empresas han recibido fondos para sacar adelante sus proyectos en la Cuenca. Pero ¿han funcionado los fondos mineros? ¿Se han creado puestos de trabajo? ¿Está hoy la economía comarcal preparada para despedirse del carbón?

La financiación de proyectos empresariales generadores de empleo, uno de los pilares de los planes de desarrollo alternativo de las Cuencas, no ha sido un gran éxito. De los cincuenta y dos proyectos participados por Hunosa ha fracasado una cuarta parte. Estos proyectos recibieron 106 millones de euros en ayudas, no solo de fondos mineros, sino también del Principado de Asturias y del Instituto de Desarrollo Económico del Principado, el IDEPA. Hunosa ha conseguido recuperar las cantidades prestadas, pero las ayudas se concedieron a fondo perdido.

Algunas de estas empresas fueron tildadas de “cazasubvenciones”. La falta de controles adecuados antes y después de la adjudicación de las ayudas favoreció que compañías cuya viabilidad era, a la luz de los hechos, muy discutible se beneficiaran de decenas de miles de euros por cada puesto de trabajo. En muchos casos, no lograron mantener más allá del tiempo mínimo requerido de cinco años. Es el caso de Autotex, que así evitó devolver las ayudas. Al margen de las posibles intenciones ilícitas de algunas de esas empresas, es posible que algunos proyectos se impulsaran ante las optimistas perspectivas de crecimiento a las que puso fin la crisis de 2008. En cualquier caso, el final de la historia para demasiados trabajadores fue el despido, seguido de la lucha en los tribunales. Estas reducciones de plantilla sí fueron traumáticas.

Por otro lado, los fondos para infraestructuras fueron algunas veces la excusa para reducir el gasto autonómico en los municipios mineros, lo cual negaba los principios de adicionalidad y complementariedad bajo los que se otorgaron las ayudas. "Lo que no encaja, por ejemplo", señala Alperi, "es cómo se pueden pagar los saneamientos de muchos núcleos urbanos del Nalón con fondos mineros, cuando en otros sitios se hacen con cargo de los presupuestos generales".

No es sorprendente que, cuando apenas quedan tres años para el cierre, los resultados sean más bien decepcionantes.

El éxodo

Las Cuencas Mineras han perdido un 17% de su población desde 1998: más de 30.000 personas.

Fuente: Padrón, INE.

Mismo nivel de empleo

Pese a todas las políticas adoptadas y al desplome demográfico, la tasa global de empleo solo ha aumentado un 3%.

Fuente: INE, SADEI.

Adiós al carbón

Hoy la minería apenas emplea a un 5% de los ocupados en las Cuencas. Educación y sanidad han ocupado su lugar.

Fuente: SADEI.

La ligera mejora del empleo en las Cuencas no se compensa ni de lejos con la pérdida de población en las últimas décadas. La mitad del camino andado desde la aprobación del primer plan de desarrollo hasta 2007 se ha perdido desde el estallido de la crisis, al mismo tiempo que la población caía de forma aún más acusada. De hecho, sus municipios siguen liderando en desempleo: la tasa de paro se sitúa aproximadamente en el 25%, por encima de la asturiana e incluso la nacional. Conforme la minería se replegaba en los últimos años crecía proporcionalmente el sector servicios, altamente dependiente de las pensiones. Los jubilados de la minería cobran un 75% más que el jubilado medio. De hecho, las pensiones del carbón suponen una tercera parte de la renta comarcal.

Además, existe un factor social difícil de medir: las prejubilaciones han modificado el sistema de incentivos de la sociedad de las Cuencas. Quienes consiguen retirarse a edades tan tempranas como los 42 años pueden estar en perfectas condiciones de trabajar, lo cual podría implicar un aumento de la economía sumergida. Por el otro, la educación no se ha valorado históricamente del mismo modo en las zonas industriales: encontrar trabajo sin cualificación era fácil. Cuando las familias pueden salir adelante sin que ninguno de sus miembros trabaje, los incentivos de los jóvenes a formarse se reducen, y con ellos sus oportunidades de futuro. Mientras, el campus de Mieres está a un 40% de rendimiento y se ha eliminado el programa de becas financiado con los fondos mineros.

La reconversión en las Cuencas: logros y fracasos

José Luis Alperi
Secretario General del SOMA-UGT-FITAG
José Ignacio Prendes
Diputado en la Junta General del Principado

Algún día antes del 31 de diciembre de 2018 el último pozo echará el cierre, poniendo así fin a casi dos siglos de actividad minera. La minería dio empleo durante décadas, atrajo a inmigrantes de toda España y creó riqueza. Por muy pobre que fuera la calidad del carbón asturiano, los mineros fueron pieza fundamental de la industrialización española y cruciales en la lucha por los derechos laborales y sociales de todo el país que aún hoy se conservan.

No hace falta ser adivino para ver cómo serán las Cuencas entonces. Con la gran mayoría de los mineros ya prejubilados —afortunadamente con mejor salud que sus antecesores—, sus rentas desaparecerán progresivamente con ellos. Las iniciativas para crear puestos de trabajo han sido insuficientes para cubrir los empleos de la minería, por lo que el éxodo hacia las principales ciudades asturianas seguirá mermando su demografía. La demanda generada por las pensiones sostendrá el nutrido sector servicios comarcal solo un par de décadas más. Si las tendencias no consiguieron invertirse ni con el empleo de las milmillonarias ayudas, es prácticamente imposible que se logre en los tres años que quedan, cuando el plan del carbón vigente ya lo es de cierre.

Tras las cifras se encuentran muchas personas: trabajadores, pensionistas, jóvenes, políticos, contribuyentes. Todos pueden sentirse decepcionados. Algunos, incluso culpables. El intento de reconversión ha sido fallido a todas luces, y solo las palabras pueden explicar su mayor suspenso: la gestión política. No es de extrañar que las políticas de desarrollo hayan sido un fracaso estrepitoso. El monopolio del poder político y sindical en Asturias ha sido la herramienta, pero también un veneno sin antídoto. Si todos los colectivos afectados hubiesen comprendido el elevado coste de oportunidad de estas malas prácticas y los agentes implicados en la toma de decisiones hubiesen sido más diversos, seguramente habrían demandado un mayor control del uso de los fondos y habrían corregido las deficiencias de los planes del carbón durante esos veintisiete años en que pudieron hacerlo. Incluso podrían haberse discutido e intentado otras formas de mejorar sus perspectivas de futuro.

Quizá la inversión en I+D+i debería haber supuesto más que una parte marginal de los fondos, frente a los cientos de millones en infraestructuras cuya utilidad nadie discute, pero cuyo carácter prioritario es cuestionable. Quizá hubiesen sido necesarios más fondos y mejor gestión para impulsar más y mejores proyectos generadores de empleo. Quizá aceptar la migración interna habría animado a llevar a cabo más iniciativas de las que se beneficiara toda la comunidad: el eje Oviedo-Gijón-Avilés, cuyo tejido económico y laboral es más sólido, podría haber atraído talento si se hubiese planteado seriamente el objetivo de convertirlo en un polo de innovación y crecimiento.

Pero quién sabe: si el poder hubiese estado repartido entre más manos, quizá ni se habrían conseguido las ayudas. Esta paradoja devolverá a las Cuencas Mineras a su punto de partida. En la nochevieja de 2018, el carbón se despedirá puntual y con tranquilidad de aquellos que lo trabajaron y lo sufrieron, pero el futuro de las Cuencas no será mejor tras esa última campanada. Huérfanas, se dormirán poco a poco conforme se vaya disipando el espejismo que provocaron sus últimos años de artificial prosperidad.

Donde la tierra era negra es un reportaje elaborado por Juan Ruitiña.

Voz de la intro: Oscar Gómez.

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Publicado en noviembre de 2015. Modificado por última vez en mayo de 2017.